Pido a la aurora que ahogué mis emociones en un baño de luz solar,
que derrita mis pupilas para ver el mundo en sus tonos reales,
que sus aromas invadan mi mente,
que mis sentidos dormidos guíen mis pasos,
en sendero desconocido dentro de la metrópolis de mis dudas,
en donde los senderos, como laberintos,
predicen mis pasos que serán borrados por el ocaso de la marea del ensueño.
sábado, 29 de diciembre de 2007
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